2.7.09

Datos falsos


Una de las mejores experiencias audiovisuales que recuerdo fue el prototipo de Datamatics en el Sonar 2006. Que este año haya vuelto en versión 2.0 y se presente en el ensoñador Teatre Grec bastó para querer volver a ver esa coreografía de datos: puntos, rayas, palabras, números, coordenadas, etc., extraídos de la bolsa, de una estadística, de un satélite, del mismísimo ADN, o de un simple microchip. Datos moviéndose en la pantalla al ritmo ultra preciso de la música de Ryoji Ikeda: una colección en sí misma de los ingredientes más puros de la música electrónica: clicks, glitches, drones, beats, ruido, filtros, reverberaciones y modelos de síntesis varias, combinándose en formas ambientales o technoides. Durante casi una hora el público se convirtió en voyeur cautivo de un espectacular código binario, asombroso como cabía esperar, aunque como todo lo que tiene una estética tan tecnológica y se confía a la velocidad, algo avejentado luego de tres años.

¿Y cual fue el plus que hizo de este set distinto de su antecesor? Una breve segunda parte, en la que el protagonista no sólo era el dinámico flujo de datos sino la obra misma, transformándose en un meta-datamatics.

Tal vez el problema fue que no estamos lo suficientemente avanzados para prescindir de lo humano y conformarnos con la alquimia de los bits; o tal vez el arte digital está aún más cerca de la ciencia que de la magia, y esperábamos algo más próximo a la iluminación de una demostración metódica que al fascinante engaño de una proyección en las sombras. Queríamos a Ryoji, queríamos azar, queríamos demostraciones en tiempo real. Porque si todo se resumiera en su diseño minimal o en sus renderizados 3D, no hay en ellos mucho de original; y si se trata de la virtuosa edición, poco podemos sorprendernos si ya hemos visto las sincronías cinematográficas de Walter Ruttman y su Berlín, sinfonía de una ciudad, compuesto más de ochenta años atrás.

Desde luego, me disculpo si en algún lugar la organización del Festival Grec advirtió que se trataba sólo de una proyección, pero ya de por sí me parece engañoso incluir este espectáculo en su programación de conciertos. Como ya sabemos, demasiados datos no garantizan buena información.

20.4.09

Otra historia de la música electrónica (Kyrou Copyleft Remix)


Techno rebelde de Ariel Kyrou es uno de los libros sobre música electrónica más estimulantes y mejor escritos que he leído. Sin apartarse demasiado de la cartografía histórica canónica sobre el género, este libro traza un tupido tamiz de referencias, mutaciones, accidentes, influencias, préstamos y apropiaciones que han dado forma a ese continente sonoro; hilado de manera no concluyente, dejando suficientes hebras sueltas para configurar un work in progress, pero con una firme perspectiva ideológica copyleft, gracias a la cual puede descargarse como pdf de manera gratuita (click en el título).
Más allá del copioso name dropping, la prosa de Kyrou nos invita a adentrarnos en el magma híbrido de ritmos y texturas que describe con apasionamiento, documentación y persuasivo gusto. Kyrou, más que un crítico, es un cronista de las sonoridades aventureras del siglo XX, las cuales ha recorrido con todos los sentidos y sobre todo mucha curiosidad crítica.
En sus páginas nos recuerda, con una genealogía de surtidos ejemplos, que nada es original, que el arte es mezcla (su pureza es su contaminación) y que bailar es también una forma de rebelarse.
No negaré que la sobreinformación tal vez pueda ser frustrante aún para el medianamente melómano, pero si se piensa que cada nombre desconocido es una generosa invitación y prestamos atención a lo más importante, que es la filosofía subyacente a su ilustrada audición, estoy seguro que el libro puede ser bien digerido por cualquier interesado.
Os dejo con una cita interesante de Uwe Schmidt:

Creo que deberían superarse esas estúpidas clasificaciones del tipo ‘música electrónica’. Ante todo, soy músico y no encuentro diferencias entre tocar música, editarla, arreglarla, etc. La denominación «electrónica» debe remitirse al proceso de creación y no a un género musical.

5.2.09

Viaje a Santa María


Vaya lujo: los nombres de Mario Vargas Llosa y Juan Carlos Onetti juntos en una misma portada. Y no me refiero a la foto superior, sino al último libro del escritor peruano. Rigor académico y oficio de escritor han vuelto a unirse en El viaje a la ficción / El mundo de Juan Carlos Onetti, que nace de lecciones impartidas por él en la Georgetown University en 2006. Para quienes han leído los textos del primero que analizan a García Márquez, Flaubert o Arguedas no es secreto que su profundo conocimiento de las obras, unido a sus dotes de narrador, hacen de éstos libros ejemplares. Rara vez tenemos ante nosotros un ensayo donde erudición y lucidez se lean tan impulsivamente como una buena novela policiaca.

Lo genial de Vargas Llosa es que en sus ensayos no sólo nos habla de la obra, vida y época del escritor que estudia, sino de su visión personal sobre la literatura y la narrativa en general. Analizando los textos, comentando la biografía, contextualizando la época, Vargas Llosa nos habla de sus propias ideas sobre la literatura.

Pensamiento y pasión so los ingredientes que hacen tan especiales sus textos, y cuando a ellos se agrega su experiencia personal, el resultado no puede ser más fascinante. Quien es el mejor ejecutante en castellano de las técnicas narrativas y uno de sus más interesantes estudiosos, aplica su don natural para el contar en capítulos dedicados a describir la construcción de la obra de Onetti, alternados con otros sobre su vida, la realidad de uruguaya y latinoamericana, y el testimonio personal del ensayista, basado en los momentos que compartió con Onetti. Todo relacionándolo y haciéndolo coherente bajo la tesis de la literatura como creación de mundos alternativos, como escapes de la realidad, como el ejercicio supremo de la imaginación del que ha nacido no sólo el arte sino nuestra propia humanidad.

Si, el libro habla de un autor que no esta de moda ni es para todos los gustos; que es depresivo, sórdido, denso y oscuro; pero que también escribió una de las obras más influyentes y valientes de nuestra lengua. Un universo paralelo llamado Santa María donde exploró como pocos se han atrevido a hacerlo toda la mediocridad, sordidez y pasión del espíritu humano.

Para quienes eso no sea suficiente, tienen además una excelente descripción de cómo se escribe una novela, una lección magistral de lo que es literatura, una relato apasionante de la vida de un individuo atípico, misógino, mujeriego e introvertido, que pasó sus últimos años en su cama, leyendo, escribiendo y bebiendo whisky. Y nada menos que el homenaje de uno de los más célebres maridos de la Literatura a uno de los más caprichosos amantes de ésta. ¿A que no es poco?

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

3.2.09

Antes de Drácula


Antes de Drácula, estuvo Carmilla. La historia de una vampira lesbiana, viajera y sin títulos de nobleza se adelantó demasiado a su época y fue enterrada en popularidad por la del donjuanesco conde de Bram Stoker, pero afortunadamente siempre hay algún exhumador como Gustavo López Mañas para rescatarla del olvido y ofrecer a sus colmillos sangre de nuevas generaciones. En este caso, por medio de un adaptación fotográfica que funciona como una estilizadísima fotonovela de toques neogóticos. López Mañas utiliza su arte con la luz y los píxeles para ilustrar la novela que Joseph Sheridan Le Fanu publicó en 1872, acompañándose en la realización de su novia Ana Ibáñez Lario, su hermana Vinila Von Bismark y un equipo cercano de colaboradores.

La visión del joven artista granadino sobre la novela decimonónica que sentó las bases del arquetipo de la vampira ha cristalizado en imágenes cuya riqueza de tonos sepia y limitada profundidad de campo da fe de su experiencia y espléndido saber hacer en el mundo de la foto comercial, publicitaria y de modas. Lo suyo, pues, esta más en la maestría de la iluminación, la dirección de las modelos, los cuidadosos encuadres, la meditada producción y sobre todo una envolvente post producción, que mediante cromas y muchas capas de photoshop es responsable prácticamente de la totalidad de los escenarios. López Mañas es pues más un retratista que un narrador. Por suerte, así parece saberlo él y por eso decidió apoyar sus fotos con extractos del cuento.

En líneas generales, podríamos decir que López Mañas se ha impregnado del romanticismo de su fuente y ha apostado por un clasicismo estético. Éste es su fuerte, pero también su corsé. Algunos hubiésemos querido ver algo más transgresor quizás, menos académico, apostar por un anacrónismo menos tímido (por ejemplo explotar más la piel tatuada de Vinila, que aquí aparece como un elemento más). En este sentido, su impactante e hiperestilizada factura nos sabe tan fría y perfecta como el cuerpo de su inmortal heroína. Tal vez por eso el libro atraiga más al adolescente gótico que fue a buscar el siguiente tomo de Stephenie Meyer, o al fan de Vinila Von Bismark que ya se conoce al dedillo la sesión de Interviú, que al amante de la fotografía artística. Aún así es de aplaudir el compromiso del artista con su visión, al ofrecernos imágenes tan delicadas, sombrías y turbadoras más allá de las modas estéticas y –todo sea dicho- más acá de las comerciales, que gozan de una oportuna racha vampírica.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

11.1.09

Death Trip



Este año ha comenzado con demasiadas malas noticias, pero una de las que más afecta a todo melómano es sin duda el deceso de Ron Asheton. Quién diría que el único que no fue yonqui de la legendaria banda The Stooges sería uno de los primeros en irse... El también guitarrista de Destroy All Monsters, The New Order, entre otras bandas, dejó como legado uno de los sonidos más rudos e intoxicantes del rock y se ha llevado a la tumba todos nuestros deseos de verlo una y otra vez tocando con Iggy & The Stooges.


23.12.08

Fin del 2008


Algunas cosas que descubrí y me encantaron del 2008: Doveman, +/-, Copi, Lucrecia Martel, Flann O'Brien, King Kang and the Shrines, Claudio Bertoni, LadyHawke, Raúl Gomez Jattin, Beach House, Islands, G-Star Raw, Curb your Entusiasm, Gonzalo Martínez y sus Congas Pensantes, Washington Cucurto, Ice Haven, Poni Hoax, Tequila Don Julio, Dubstep, Megaupload y descargas directas, Kymko Agility City 125, Extras, Heroes, El eternauta, Diego Maquieira y un largo etcétera que ha hecho de este año uno de los mejores de mi vida. Espero que el siguiente calendario traiga tantas buenas sorpresas y placeres. ¡Feliz año!

4.12.08

Todo queda en familia


Desde la multipremiada La ciénaga (2001), su primer largo, Lucrecia Martel deslumbró con un estilo cuajado y en que ya estaba presente mucho de lo que descubriríamos como su mundo personal: historias elípticas, tensas pero vaporosas, encubiertas bajo el tejido muchas veces verborreico de las relaciones familiares. Y hablamos de familias grandes, de las que no se ven ahora, al menos en las ciudades, por lo que sus filmes transcurren en innombradas provincias argentinas, posiblemente Salta, donde nació la directora. Con una cámara desobediente, que huye del encuadre clásico, centrando esquinas y dejando significativos fuera de campo, Martel capta la cotidianeidad a punto de estallar de sus personajes: niños corriendo por doquier, adolescentes jugando de manera casi lasciva, camas donde todos conversan, piscinas como restos de otros esplendores y adultos confundidos que sin saber cómo logran contener el caos. En fin, un remolino centrífugo de relaciones familiares atizadas por la locura, que otros como Kusturica convierten en un carnaval, pero en cambio Martel registra con aplomo documental (género que también ha realizado), es decir sin dejarse llevar, huyendo del clímax con la distancia y la templanza de un dentista frente a una caries, aunque lo que le interesa no es informar o revelar algo, sino justamente lo contrario: sugerir, esquivar, rondar el secreto dejando un camino de migas incompleto, sin develarlo.

En eso me recuerda mucho los relatos de Onetti: siempre el dato oculto, que un complejo y agobiante andamiaje formal apenas siluetea; siempre la inocencia y la decadencia coexistiendo en un ambiente emponzoñado. La diferencia es que mientras en Onetti todo se va a la mierda, Martel sabe mantener la tensión con aparentes trivialidades que apiladas demarcan un límite, una barrera que al espectador no le es permitido cruzar y así todo queda en familia.

En La mujer rubia el detonante es un accidente en la carretera. La protagonista (espléndida María Onetto) atropella algo y entra en shock. El posible asesinato la deja en un limbo del que sale a flote sólo gracias a la inercia de las relaciones sociales y familiares. Aquí también la familia es origen del mal (siempre hay un pariente loco o echado a perder) y refugio salvador. Pero a diferencia de sus anteriores filmes, donde domina un barullo de voces multi generacionales, aquí el ensimismamiento (que Onetto articula magistralmente) es lo más denso y expresivo del filme. Visualmente también se tiende al minimalismo (ambientes a lo Edward Hopper), pero lo que se ve y lo que se dice, aunque es menos, sigue siendo sólo la punta del iceberg de un argumento esquivo, que a su vez se alimenta de otras raíces, ocultas en historias de familia apenas sugeridas. Un mundo fascinante, abierto, vivo, oscuro, profundo y cotidiano, al que Martel nos invita siguiendo el camino de sus imágenes pero reservándose en muchas partes el derecho de admisión.


6.11.08

Delante y detrás de la música

No me puedo quejar. Antes que pase la resaca del Festival de Cine de Sitges, comienza el In-Edit Beefeater, dedicado al cine documental musical, y ese mismo fin de semana tocan Infadels y Ladytron. Del In-Edit me quedo con las pelis sobre Patti Smith, Surfin' Bichos, Brian Wilson y A Technicolor Dream, que reseñé para Maumau en una, dos y tres partes.

El concierto de Infadels fue una pasada, súper energico y bailable, desde los primeros acordes de Circus of the Mad, la canción que más quería escuchar, hasta un sorprendente cover de Sweet Dreams (Eurythmics). Buen sonido y mejor desempeño sobre el escenario, a pesar de que no debíamos llegar a los cincuenta los asistentes a esta cita dominguera.

A Ladytron fui con las advertencias de que éran un hermoso iceberg en vivo, lo que no me importaba mucho, ya que se trata de una excelente máquina de hacer canciones. Su buen oído para la melodía con gancho, su intraicionable sonido y la estética delicada, cool y oscura que han mantenido desde sus inicios, son signos de una banda más madura de lo que parece y que, hasta su cuarto y último disco, Velocifero, no ha hecho más que superarse. El pero no vendría de su gelidez escénica -incluso puedo dar fe de que bailaron un poquito-, si no del sonido opaco y descalabrado, impropio de la Sala Apolo; además de que bien merecían Barcelona y una sala casi llena el impresionante juego de luces que, según leí por ahí, traían consigo en este tour.

6.10.08

El arte médico

Acabo de terminar de leer Super-Cannes, de J.G. Ballard. Visionaria y realista, enferma y clásica, preciosa y monstruosa. Como muchas otras de sus novelas, Ballard disecciona meticulosa su objeto de estudio, en este caso una micro sociedad VIP localizada en la Rivera Francesa, donde el crimen y la psicopatología son los lujos más apreciados. Empieza como novela negra, con la investigación sobre un inexplicable asesinato masivo, pero luego se convierte en una novela costumbrista en torno al sórdida etiqueta que rodea el modus vivendi de una élite yuppie. Me gusta especialmente cómo Ballard, luego de guiarnos hacia las cumbres del infierno ultracapitalista, concluye su historia en el momento climático, conciente de que el desenlase cerrado es menos interesante que su investigación y diagnóstico sobre el mal en cuestión que ya ha realizado.
Hoy me llegaron, para continuar la fiebre, High Rise, The Unlimited Dream Company y Cocaine Nights.

Como complemento visual, os dejo a alguien a quien acabo de descubir: Romain Slocombe. Como Ballard, quien abandonó la carrera de medicina por la pulsión de escribir (aunque nunca dejó de estar influído por ella), la obra -gráfica, cinematográfica y literaria- de Slocombe esta marcada por el fetichismo del cuerpo femenino (específicamente nipón) y los artefactos médicos. Prótesis, collarines, yesos, vendas y jóvenes japonesas malheridas son el leit motiv de una obra que da un nuevo sentido a las similitudes entre las palabras bandage (vendaje en inglés) y bondage. Otro artista médico, con quien Ballard y Cronenberg (el ginecólogo de Beverly Hills) tienen fuertes lazos. Echadle una mirada y si os gusta podéis leer este interesante ensayo.

27.6.08

No hay tiempo


No hay tiempo para escribir. No hay tiempo para escuchar discos. No hay tiempo ni ganas de ir al cine. Pero sí hay tiempo de leer y de ir a conciertos. Algunas notas sobre lo primero:

>Poesía: según J.C. Yrigoyen, con quien hace unos días estuvimos cheleando aqui en Barcelona, la poesía argentina no ha tenido el desarrollo de su narrativa y la peruana pasa por una amodorrada transición. ¿Y la chilena? ¡Buiiiiina, poh! Le gusta Germán Carrasco más que nadie entre los nuevos, y yo luego de leer Clavados, de este autor, y los poemas incluídos en la antología Cuatro Cuartetos/Cuatro poetas recientes de Chile, yo me inclino más por el preorgásmico ritmo de Paula Ilabaca y sobre todo por los cantos cursis, sórdidos, líricos y muy urbanos de Diego Ramírez, el más joven del cuarteto y alguien con quien supongo conectará mucho la juventud pokemona chilena. Citar a Pasolini, Sylvia Plath y Enrique Lihn es sólo una invitación a su prometedora locura.

>Fogwill: Leyendo su antología en Mondadori, Cantos de marineros en la pampa, descubro a este mito de la literatura argentina y no encuentro nada de lo que me imaginaba. No la locura y el delirio que había proyectado, pero sí a uno de los grandes del post boom. Muy lúcido y algo pervertido. Me gustaron todos los relatos, menos el que da título a la colección (no lo pude ni terminar de leer) y más que ninguno La larga risa de todos estos años, que desde ya propongo como uno de los mejores cuentos en nuestro idioma de los últimos 25 años.

>Lydia Lunch: Su novela Paradoxia, ahora traducida al castellano, es uno de los más estimulantes, bien escritos, valientes (tal vez mejor sería decir bravucones) y nada aburridos relatos eróticos que he leído. Y eso que no tengo en mucha estima el género.

>Psychedelic Furs: Lo único que diré es que, si bien demasiado corto (1:20 hrs. aprox), fue un placer hiper danzable y potente en flash backs el directo de esta mítica banda de los ochenta. Lo mejor fue poder bailarlos, hit tras hit, a un metro de distancia, como si de una disco y no de un concierto se tratara. Lujo.

10.6.08

Disfruta el silencio


Obra maestra. El director argentino Esteban Sapir ha logrado, en su segundo largometraje, un perfecto cóctel donde se equilibran la originalidad con el homenaje, la tradición con el experimentalismo, la simbología con el drama, lo lúdico con lo político; en fin, un delicatessen de cinefilia que se apropia de la paleta expresionista para contar, con sensibilidad naif, una fábula distópica.

Imaginad pues el futurismo arcaico de Metropolis de Fritz Lang, montado con la osadía y oído musical de Walter Ruttmann en Berlín: Sinfonía de una ciudad y recubierto por una atmósfera noir extraída del corazón de los Estudios Hammer. Agregad cierta truculencia infantil a la Tim Burton y el virtuosismo de efectos especiales con estética analógica de Michel Gondry. Reducid al mínimo el elemento vocal de todo lo anterior y ya (casi) lo tenéis. El hombre que fue capaz de realizar y dar vida a tamaño prodigio de legados no ha surgido de una revista de crítica, como Godard, ni de un videoclub, como Tarantino, si no (¡oh sorpresa!) de la publicidad y de la fotografía cinematográfica.

De lo último da sobradas muestras el manejo del blanco y negro. Más allá de una simple transposición cromática a la escala de grises, aquí encontramos un diseño integral de la imagen. De mano con la dirección de arte, el director ha preferido pintar antes que sólo manejar las luces, opción que potencia la autonomía de su mundo retrofuturista.

Por otro lado, su trabajo en la realización publicitaria se deja entrever en el detalle y aprovechamiento semántico del que dota a cada plano. Sapir es muy conciente de la economía de su lenguaje y carga cada encuadre con buenas ideas, ya sea compositivas o de carácter tipográfico.

Y es que La antena no sólo es una clase maestra de fotografía y de narración con imágenes. Hay un elemento más que la hace una sustanciosa celebración del cine mudo. Baste decir que el argumento va sobre una ciudad donde la gente ha perdido la voz. Lo único que le queda son las palabras, y no me refiero a ellas sólo como comunicación escrita, si no como entes lingüísticos que se materializan sobre el ecran cual subtítulos diegéticos (estamos al fin y al cabo en una realidad de celuloide) y son el botín último que animará el conflicto de esta historia. Sapir aprovecha ese material para darnos una lección de grafismo y anima el texto con una expresividad potente, al punto que no es exagerado considerarlo un personaje más.

Es cierto que La antena carga con una amplia lista de referencias y deudas cinematográficas, pero creo que lejos de menoscabar su originalidad, ésa es su riqueza. Por eso es absurdo enfrentarla a sus modelos o restringir su público cautivo a chavales que aun no descubren El Gabinete del Dr. Caligari. ¿Qué si la antena capta más de lo que emite? Sospecho que no, pero el tiempo lo dirá.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

31.3.08

Snuff Jazz


Este año, los exquisitos Caprichos de Apolo cerraron su programación con una lección nada ortodoxa de jazz. Para comenzar, Ingebrigt Håker Flaten Quintet calentaron la noche con una serie de diapositivas sonoras en las que se alternaban distintas vertientes del género; su recital fue como un cadáver exquisito en el que se sucedieron ejercicios de estilo clásicos, como el bop ó el cool, con otros de avanzada como el free jazz o el jazz-funk, siempre aderezados con arreglos que podían sonar a veces a Paganini (¿un homenaje al ciclo huésped?) y en otros momentos a Jimmy Hendrix. Así, era fácil cerrar los ojos e imaginarse una sucesión de postales vintage con sus correspondientes alusiones: Monk, Coleman, Coltrane, Braxton, Davis, etc., traspasados por la vigorosa tónica sonora de un quinteto cuyo ecléctico oficio musical abrazó con soltura la atonalidad, el ruidismo digital o los paisajes cinematográficos (remembranzas de Tarantino y Peckinpah sugeridas).

Luego de esta inmersión en la caja negra de referencias que recorrió nuestra parte favorita de la historia del jazz, estábamos preparados para asimilar mejor uno de los actos más radicales de este estilo musical: Lean Left, banda compuesta por Ken Vandermark (saxo tenor, clarinete), Paal Nilssen-Love (percusión) y los guitarristas de la banda noruega The Ex, Terrie Ex y Andy Moor. Desde el primer tema, Lean Left dejó claro que lo suyo no era la recopilación museística sino la demolición y el incendio; como si las eruditas invocaciones de la banda anterior se hubieran quedado flotando en el ambiente sólo para ser víctimas de un concierto snuff.

Su actuación comenzó con un dúo furioso de guitarras eléctricas, en los que a veces parecían enfrentarse entre ellas como bestias jurásicas y otras ensañarse juntas en el desmembramiento de algún fantasma (invisible para todos menos para Terrie Ex, quien lo miraba fijamente en el suelo mientras descargaba contra él hachazos de acordes chirriantes, producidos sea con la típica uña o con baquetas, toallas, ganchos de ropa o cualquier objeto que le sirva de instrumento de tortura). Y si la obertura fue brutal, lo que siguió fue puro crescendo. El segundo acto fue otro dúo, de no menor abrasividad, entre el clamor frenético soplado por Vandermark y la implacable cabalgata polirítmica de Nilssen-Love. Más tarde, ya todos coludidos, continuarían con su ritual de virtuosa disonancia, dando fragor a lo que para este servidor sería uno de los puntos máximos de maestría y tábula rasa instrumental que ha tenido la suerte (y el capricho) de testificar.
(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

23.3.08

(R)Evolution Rock


Siempre es una pena y una suerte estar en un concierto de un grupo importante al que asisten sólo de un puñado de oyentes: el veneno de la sala casi vacía contrarrestado por la exclusiva cercanía de los artistas. Eso pasó la noche en que los Mekons tocaron en la [2]; el pequeño local no pudo ocultar su esmirriada convocatoria, más extraña aún cuando la mitad de los asistentes superaba los cuarenta años y nadie tenía mucha pinta rockera. ¿Qué puede significar que cualquier vagón del metro tenga más punkis ataviados que el concierto de uno de los más puros representantes del pedigrí post-punk británico? ¿Posturismo al descubierto? ¿Analfabetismo musical? ¿Simple recesión económica? La razón, cualquiera que fuese, no pudo opacar el imponente despliegue musical de un grupo que hace mucho dejó atrás su bandera de amateurs y está hoy en día en pleno dominio de sus poderes.

Y es que hablar de los Mekons es hablar de un grupo que tuvo la integridad suficiente para no seguir fingiendo que aún no sabían tocar, y derribar los barrotes de su inicial grito punk para salir a explorar fusiones con otros géneros como el reggae, country y, principalmente, el folk. En ese sentido, se han mantenido más fieles al espíritu que al método del movimiento que los sacó a la luz. Porque el encasillamiento sólo sirve a las compañías discográficas y a los reponedores mal pagados de las tiendas de discos, y una banda que se forjó en un ambiente de cooperativismo no tiene un ego fuerte que defender. Gracias a eso, han podido forjar una obra más continua y estilísticamente enriquecida que sus hermanastros Gang of Four y Delta 5.

Sobre el escenario, los Mekons demostraron que pese a su madurez (musical y cronológica) aún tienen carisma y se saben divertir. El show estuvo encabezado por Jon Langford, guitarrista y cantante fundador del grupo, y por la Sally Timms, a cargo de las vocales femeninas. Ambos muy cómodos en su papel de anfitriones, a lo que seguramente contribuyó la intimidad del recital. El tercer protagonista de la noche fue sin duda el saz eléctrico de Robert "Lu" Edmonds, instrumento de origen turco un que en las manos, los pies y los pedales de Edmonds servía más a la mística folk rock que a sus acentos originarios. Cockermouth, Fantastic Voyage, Perfect Mirror y Big Zombie fueron algunos de los hitos del repertorio, que onduló entre el hard rock clásico y el folk oscuro cercano a unos Espers o Black Heart Processión.

(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

El canto del hollín


Supongo no fui el único que, al ver a Fabrizio Modonese Palumbo, a.k.a. (r), subirse al escenario con su guitarra, imaginó un preámbulo lleno de informe y dolorosa distorsión, como capas de metal sónico recién salidas del horno. Magno error, totalmente atribuible, claro, a nuestros prejuicios, a su cabeza rapada y a su larga y afilada barba. Para mi sorpresa, tras esa apariencia de rudo motero, el músico de Larsen, XXL y Blind Cave Salamander destiló de sus dedos y de su instrumento un ambient delicado y paisajista, lleno de reverberaciones que se internaron con suaves trazos en el ecran privado de nuestras mentes. Música de luces apagadas y hondo letargo (a la que, si algo hay que objetar, son las voces incrustadas) configuran pues el proyecto en solitario de este incansable Modonese, quien además de integrar los grupos mencionados, ha colaborado con un extensa lista de creadores que incluyen a Current 93, Matmos, Xiu Xiu, Baby Dee, Damo Suzuki, Akron/Family, Nurse With Wound, Jarboe, Lydia Lunch, My Cat Is An Alien, Fovea Hex y por supuesto Michael Gira.

El efecto dejado no podía ser otro que íntima anestesia. Muy apropiada para prevenir la aparición de Michael Gira, el hombre detrás de Swans, uno de los grupos más espiritualmente devastadores que salieron de los ochenta, y del más apacible pero no menos tenebroso -y paradójicamente bautizado- Angels of light. Y es que no hay muchos músicos capaces de erizarnos la piel con sólo su guitarra acústica y su voz de crooner. A su lado, Leonard Cohen parece un trovador de bubblegum pop y Nick Cave un baladista desahuciado por la diabetes. Para superar a nuestros máximos héroes de la depresión, la música de Michael Gira se vale sólo de sus acordes, repetitivos e hipnóticos, de su voz cavernosa, que parece entonar canciones de cuna a la caída y el apocalipsis, y de unas letras bruñidas como ónix (un acompañamiento perfecto para un libro como The Road, de McCarthy). Temas de su larga trayectoria como All lined up, Love will save you, Blind, Rose of Los Angeles, etc., implosionaron entre la reducida audiencia como presagios de luto interior. En definitiva, el recital fue un buen baño de ceniza para nuestra ritualista felicidad, y para hacerle justicia, cuando en un momento Gira preguntó cómo estábamos, debimos haber contestado con un agradecido “mal”. Abajo, el primero de los seis extractos tubeados.



(Publicado originalmente en Mau Mau Underground)

Femineidad Fatal


Tengo que confesarlo, soy un lego en cuestiones de neo feminismo y ni siquiera conozco la obra literaria de Virginie Despentes (aunque sí formo parte de esa minoría que admira su película Fóllame), pero eso no fue inconveniente para acercarme a su último libro, Teoría King Kong (2006), una mezcla de ensayo, testimonio y manifiesto punk sobre pornografía, prostitución y violación que no pudo encontrar mejor traductora al castellano que a Beatriz Preciado, la autora del sedicioso Manifiesto contra-sexual (2002), para la editorial Melusina.

Y lo primero que quiero destacar es justamente el espíritu punkarra del libro, no sólo por la crudeza de sus declaraciones, si no porque escapa de todo léxico académico y se apropia valientemente de la primera persona sin dejar de lado la fundamentación teórica. Despentes no es dueña de una prosa que sabe noquear, además es una intelectual de primera línea y alguien cuya biografía está conectada, más allá de los libros, con los tres temas mencionados. Punki violada, luego puta y más tarde afiliada al cine porno, nadie mejor que ella para denunciar personal y filosóficamente la batalla perdida que aún significa nacer mujer.

Como ensayo confesional, apela menos al corpus bibliográfico que a la propia experiencia; es especialmente estremecedor en el capítulo de la violación, revelador en los del porno y la prostitución, y desgraciadamente laxo en el de la teoría King Kong, que pese a condensar la unidad del libro no logra cerrarlo con la contundencia esperada.

Aún así, se trata de una lectura muy provocadora, tanto estilística como conceptualmente. Las ideas que propone pueden no ser nuevas, pero están fundamentadas en las propias cicatrices que describen con furia e inteligencia la trampa en la que tanto hombres y mujeres estamos atrapados, cuyos orígenes no están en uno u otro bando genérico, si no en los dictados del poder. Un libro excelente para asimilar (al ritmo de Lydia Lunch o Bikini Kill) ideas gritadas con estilo y meditación. El mejor regalo para la amiga kuki-flower o el colega maromo que por desgracia nunca faltan.

(Originalmente publicado en Mau Mau Underground)